martes, 16 de febrero de 2010

Historias tiernas: el Roblar y Adolfo



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Tuvimos la suerte de que la ONG Asofenix nos invitó a una inaguración de una minihidraulica en la comunidad de el Roblar, en Boaco.




A pesar de estar investigando tecnología apropiada para el desarrollo, nunca habíamos entrado en contacto con las comunidades a las que van dirigidas. Era una oportunidad única, y estábamos muy ilusionadas.

Para acceder a este pequeño pueblo, casi lo llamaría aldea, había que caminar unos 10km sobre un camino de arena y piedra que terminaba en una ladera inclinada vertiginosamente, dónde la tierra tenía los surcos de las últimas torrenteras, y por las que el agua y el barro debía discurrir a su gusto cuando llovía. A pie o a caballo era las dos únicas maneras de acceder, los músicos de la orquesta que iban a celebrar la fiesta, sufrían con su instrumento acuesta.

Pasamos del calor insufrible de Managua, a un clima húmedo de nebliselva que nos hacía rechinar los dientes. Las casas se esparcía por la montaña, quedando unas bastante alejadas de otras.

Alegremente nos esperaban en el valle los aldeanos, habían improvisado una techumbre de hojas de palmera para cobijarnos. La orquesta abrió la inaguración, luego la alcaldesa cortó la cinta, y como muestra de que la electricidad había llegado, se cosió con una máquina de coser eléctrica y se puso una minicadena. Todos los responsables del proyecto hablaron, Jaime de Asofenix, el representante del grupo de gestión de la aldea. Era hermoso escuchar como el sueño se transformó en realidad, y cómo los incrédulos terminaron volcándose con el proyecto.



Toda la comunidad estaba festejándolo, los niños y adolescentes bailaron a son de la "nueva tecnología", nos invitaron a comer y beber y todo el mundo era muy amable.



Visitamos la pequeña turbina y la improvisada presa, lo que más me sorprendió fue el tendido eléctrico, me imaginé la cantidad de hombres que habían sido necesarios para poner aquellos postes y pasar el cable por un orografía tan complicada.



La humildad y más que todo la generosidad de aquellas personas era impresionante. Para ellos suponía un progreso y el comienzo de una nueva era. Habían vivido tantos años sin electricidad, la radio, la televisión, la máquina de coser eléctrica, el poder leer por las noches sin necesidad de aumarse, tantas y tantas novedades. Espero de corazón, que les haga más felices, que les ayude, sería una lástima que la televisión les terminara obnubilando con las nuevas tecnologías, los grandes edificios, las ciudades y terminaran con los sueños rotos deambulando por las calles de Managua. Creo que según la potencia instalada, les dará para pocas horas de televisión por la noche, así que con suerte dejarán de hacer tantos chigüines (niños).



La otra historia es la de nuestro amigo Adolfo, la persona con la que estuvimos construyendo los colectores. Adolfo no estudió carrera, ni terminó la secundaria, a pesar de tener un padre universitario licenciado en inglés, que le dio la oportunidad de estudiar, él en su adolescencia se torció. Era lo que en Nicaragua comúnmente se llama vago, se dedicaba básicamente a no hacer nada, a estar en la calle con los amigos, beber guaro (ron). Fue padre adolescente, lo que le hizo ponerse a trabajar.

Nuestro amigo es un verdadero manitas, ha trabajado fabricando muebles, hornos, una infinidad de cosas, su especialidad es la soldadura, le pone mucho amor y empeño. Ha sido genial trabajar con el, por su dedicación, por su imaginación y sobretodo por su buen carácter. Se quedaba mucho con nosotras, "me voy a volver a España porque este calor no lo soporto", "es que nosotros los españoles lo hacemos de otra manera", "Daniela es fan de Yader, le encanta oirle cantar"...

Adolfo es una de las miles de personas que no tiene un trabajo fijo, se podría llamar autónomo, gana 10$ al día, el día que trabaja y tiene una esposa y cuatro hijos que mantener. Dos de sus niñas cumplían años el mismo día, y él estaba preocupado porque no podía comprarles una tarta. Las tartas cuestan muy caras, casi 10$ la más pequeña. Para la fecha del cumpleaños de las niñas, ya no trabajaba con nosotras, sabíamos que Jaime de Asofenix le había hecho algún encargo pero nos temíamos que no iba a tener dinero para la tarta. A Dani se le ocurrió que le diéramos el dinero para comprar la tarta de las niñas. Fue muy buena idea, Adolfo nos lo agradeció muchísimo, no había tenido mucho trabajo últimamente y necesitaba la plata (dinero).



Como no podría ser de otro modo, nos invitó al cumpleaños. Al final la tarta se convirtió en piñata, porque tuvo que pagar unas deudas y contaba con un dinero de Jaime, que no llegó porque ese día Jaime no pudo ir a pagarle.

Vivían en un barrio muy humilde, donde había cortes de agua, la casa era pequeña construida toda de zinc, la habían construido el y sus hijos. Intentaba imitar las casas suizas de la montaña. Tenía una cocina que tb era salón y en el fondo el dormitorio, que consistía en una cama de matrimonio y varias hamacas. Con el tiempo tienen pensado ir poco a poco ampliando la casa.

A pesar de la pobreza en la que vivían, a los niños se les veía felices de tener a su padre cerca. El tiene a dos hermanas en Australia que les ayudan económicamente con la educación de sus hijos, el podría viajar fuera para llevar dinero a casa pero prefiere quedarse junto a los suyos.




Es duro conocer el otro lado de migración, ver como las familias se ver forzadas a separarse. La hermana de Celia (mujer de Didier, donde nos quedamos antes de Navidades), se fue a España mientras nosotras estábamos allí. Tenía una tienda de telefonía móvil de Movistar, que debido a la falta de cobertura en su localidad, se había visto obligada a cerrar. Con el dinero ahorrado decidió que su mejor baza para mantener a su hija era viajar a España, hacer dinero y en el futuro poder abrir otro negocio, o por lo menos invertirlo en un terreno para dejarle algo a la niña.







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