jueves, 28 de enero de 2010

Navidades en familia: II parte



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Continuamos nuestro viaje hacia Estelí, ciudad enmarcada por montañas y con un gran espíritu comercial, en parte porque le atraviesa la carretera panamericana. Allí nos dedicamos a buscar petroglifos, dibujos zincelados sobre piedra con motivos zoomórficos y antropomórficos de la época precolombina. Una de las cosas que más nos llamó la atención fue la tradición de murales de la ciudad, los encuentras por doquier, a la vuelta de cada esquina y son de una gran calidad. También el clima, que es bastante fresco, cerca de los 20-25ºC durante el día.




Al día siguiente queríamos ir a ver el salto de la Estanzuela (dónde yo hice rappel) y el cerro de Tisey, así, por ese órden, pero al final nos las vimos y las deseamos para llegar al salto de la Estanzuela, por suerte íbamos recorriendo el cerro Tisey, y allí fue la siguiente vez que mis padres se vieron tentados de desheredarme. La carretera era de arena y piedra, con cuestas y curvas como chicanes y el auto que llevábamos era normalito, nada de doble tracción. Tanto padre como hija, hay algo que nos caracteriza, y precisamente no es que gocemos de mucha paciencia. Y lo que se suponía que para los lugareños estaba “a 10 minutos”, o “lejos a 2km” resultó estar a 2horas y 20km por carreteras espantosas el día 24 de Diciembre, Navidad.



Afortunadamente pudimos gozar de unas impresionantes vistas en el mirador de “los segovianos” y llegamos al fin a la cascada. Que casi hubiera preferido que no la hubieran visto porque yo pensé que había hecho un rappel de 60m y me la empezaron a reducir hasta los 35m.


El paisaje allá es impresionante, por un lado se ve la cadena de volcanes que se extiende hacia Honduras y por el otro las montañas acunando a Estelí. La fauna y flora se empieza a parecer más al de América del Norte, ¡se pueden ver hasta pinos!.




Condujimos prácticamente de un solo hasta Managua. Regresamos a los infiernos, el golpe de calor se siente como una gran bofetada. Habíamos quedado por la noche en la casa de nuestros tutores para celebrar las Navidades nicas. Nos habían dicho que eran muy alegres, que las urbanizaciones se cierran y todos los vecinos se saludan y comparten comida. En realidad, se pica hasta media noche que es cuando se come y los niños abren sus regalos. La comida típica es gallina rellena.


Yo tenía ganas de que mis padres conocieran la familia nica, sus jodederas (bromas) y el ambiente tan relajado y alegre. Pero porque siempre hay un pero, esa noche, la familia (tios, tias, sobrinos, sobrinas etc) no se juntaban,tan sólo era la familia de Martha ( su marido y sus dos hijos). Además como viven en una urbanización que esta comenzando, el sentimiento de vecindad no lo tienen muy arraigado entre otras cosas porque hay pocos vecinos y la gente prefiere irse a Managua a celebrar la Navidad con sus familiares. Y es que la casa de ellos, esta pegada a la Universidad dónde trabajamos y al aeropuerto, pero puede considerarse las afueras de Managua, así que puede considerarse los extrarradios.


Resultó que mis tutores esa mañana había tenido que madrugar para recoger frijoles en una finca que tienen, se les veía cansados, esto se mezcló con que había que aguantar hasta las 12 para cenar. Y aunque en España sea relativamente pronto, aquí se siente como las 3 de la mañana, como oscurece y amanece pronto, te acuestas y levantas también temprano.



Aquí lo normal es beber ron, como en España sería un vino o una cerveza. Yo andaba algo preocupada por mi madre, porque no suele beber y enseguida se le sube a la cabeza, todavía tengo muy presente aquel fin de Año en Francia ella y su amiga Mercedes cantando y recordando viejos tiempos de la infancia. Pero afortunadamente mi madre observó como bebía Dani, despacito, para que aguantara en el vaso y no te lo volvieran a llenar.


Lo mejor fue cuando Carlos acompañó a dormir a los niños que se caían de sueño y se quedó el también dormido. Aquello parecía subrealista. A las 12 despertamos a padre e hijos y los niños adormilados comenzaron a abrir el montón de regalos. A pesar del sueño consiguieron emocionarse y al ratito se volvieron a acostar. Entonces comenzó al fin la cena, con el pequeño detalle de que en Nicaragua cuchillos haberlos los hailos pero usarlos, pues poco. Y mis padres, educados como ellos solos, no se atrevieron a pedirlos por si no tuvieran, y Dani y yo acostumbradas a comer como a lo nica ni nos percatamos. Luego ya cuando nos fuimos, mis padres no paraban de repetir aquella experiencia de intentar comer un muslo de gallina rellena sin cuchillo haciendo malabarismos con la servilleta.


He de confesar de que se echó de menos a la familia, creo que puedo hablar en nombre de los tres: “Os echamos mucho de menos el día de Navidad”, a las dos familias: materna y paterna.


Me hizo mucha ilusión y muy feliz que mis padres cruzaran el charco para verme y más en fechas tan familiares: “¡Sois geniales, os quiero mucho!”.

2 comentarios:

  1. No sé si ha quedado suficientemente claro sólo quisiera decir que Martha y Carlos se han portado genial con nosotras, que nos tratan como parte de su familia y que el resto de la familia nos ha acogido de la mejor manera.

    A pesar de que la Navidad no fue como lo esperado, la pasamos muy bien y agradecimos que nos invitaran

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  2. A vosotros también se os echó de menos, ¡ya te digo!

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